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Gilberto Bruzual Báez

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poesía: " Vieja Margarita"

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Por: Giberto Bruzual Baez

después de leer el Poema: acceda al viaje a Margarita

VIEJA MARGARITA

 

 

¡Oh  vieja, mi querida Margarita,

tierra  bendita, sagrada Virgen,

isla soñada,  nido de ilusiones,

encantos y radiantes playas!

en su honor y  amor eterno

nombre de nuestra única flor,

expresión bíblica  del Apocalipsis

espejo  de  bellas perlas.

De niño maravillosas estampas,

hoy  te miro ¡ oh recuerdos,

emociones  revivientes!

Nacido en aquella Caracas

de pintorescos techos rojos

a  tan sólo sesenta  días

navegao en canoa grande

llegué a la  Ínsula mayor.

 

II

 

Cómo olvidar mi pensamiento

los primeros años de crianza

disfrutados con  mis padres

adorados, la querida abuela

María  y con Domingo Miguel,

el mayor de los hermanos

en  aquella casa de Porlamar,

pueblo de la mar en el mar

diagonal a la Plaza Bolívar

y con  la Majestuosa Iglesia

frente a la Bomba de los Reyes,

al lado, de vecinos, los queridos

hermanos Herrera –Espinal

en la   calle  Igualdad,

tránsito  de pocos carros,

después  por muchos  años

la  Botica Virgen del Valle.

 

III

 

Casona larga  de un solo plantal,

de estrangulado y estrecho zaguán,

portales  reposando de noche

con  boca abierta  sin cerraduras,

recinto apertrechado de señoriales

ventanales adentrados en su cofre

con patio interno en su jardín,

aromas de flores, trinitarias,

no pudiendo faltar el  mamey

con el florido cotoperí dulce

tan apetecible como el mamón.

 

IV

 

En el sencillo hogar no faltó

agua  fresca  en el  viejo

tinajero de barro, sabor a vida,

olor a pueblo con tradición.

De las vivencias infantiles

nunca entendí el vuelo final

a temprana corta edad

de un angelillo inocente

con alas rosadas cristalinas,

nuestro Ángel de la Guarda.

 

V

 

Cómo olvidar la canción

de  María,la abuela materna,

que en una Semana Santa,

un nueve de abril del siglo XX

en la década del cuarenta,

Domingo  de Resurrección,

en vapor desde la Capital

llegara  sola a  Porlamar

cantándole a su  sangre

y a la desconocida ciudad,

como bien lo expresaba

su  querida  composición.

 

VI

 

Cómo olvidar  en su llanura

la  serena  playa del Morro,

el colegio de las Monjas

donde  en cercanos lares

por cazar  apacibles sapos

llegaba siempre a  la casa

con los zapatos blancos

salpicados  y manchados

en color carrubio fuerte.

 

VII

 

¡Inolvidables   películas!

frente a la plaza mayor.

valientes vaqueros del cine,

mi  querida madre Alcira

en su santo  rol maternal

en pleno rodaje de las cintas

misioneramente nos enviaba

el vaso de leche chocolatada

para  nuestro deleite  y crecimiento.

¡Oh! y  mi padre Domingo

en la pujante Nueva Esparta

excelso dador de  justicia

y  brújula de nuevos veleros

en el  Liceo de la Asunción

con ricas y útiles lecciones

de historia, cívica y  geografía.

 

VIII

 

Una  Margarita  arrollada

de mocedades primaverales,

vacaciones, temporadas;

¡oh!  azules emociones

en el arribo a  su puerto

navegando en  bendita mar

veinticuatro horas sin cesar,

a puro funche y pescado,

de  La Guaira a Margarita

en las lanchas María Rosario,

Florida, Mánamo o en otras

Tongoleles con rumba de mareos

por los continuos vaivenes

del tremuloso  Cabo Codera;

viaje de jóvenes estudiantes

retorno a  sus manglares,

dorados  baños de mar,

nacarados días encantados

en ese paraíso tropical

donde usábamos alpargatas

en largas caminatas playeras

y frescos sombreros  de cogollo

para  cuidar  y suavizar  el rostro

de los robles rayos solares.

 

IX

 

Tiempos aquellos de cambio

con la llegada de los viejos Ferrys

en que para el goce del pasajero

en el salón principal de la nave

atadas  por  gruesos mecates

cantaban  las novedosas  rocolas

sin poder así ni siquiera bailar

el  son de su propia música;

¿ y  que decir  de la turística,

bien hundida en temporadas,

llena al fin  de buenos visitantes,

pero también de cuantos bichos

raros  y  mal  educados venían

en  la lenta  ballena  de hierro?

¿Cómo olvidar el gustoso hervido

con el  tonante  nativo ají dulce,

del pescado frito  con tostón,

la guarura o el botuto, el casabe,

la telita y el pastel de chucho?

¡ Oye! ni se diga,  con mucho calor

el refrescante papelón con limón!

 

X

 

 

¡Qué sitios aquellos los de Gacho,

Cachicato, la popular Dorina, Rómulo

y  el viejo  mercado de Porlamar!

las sabrosas y sanas empanadas

de queso blanco o de  buen  cazón

a locha cada una bien baratonas,

en otro idioma, ocho por  bolívar.

¿Cómo olvidar por sus sabores

de verdaderas  frutas  naturales

los  helados de la Asunción?

 

XI

 

Septiembre con las fiestas del Valle,

joviales  bonches   amenizados

por el   famoso conjunto orquestal

de ”Burro Tapao y sus Muchachos”

y  no habiendo llegado  todavía

el merecumbé ni  la temblorosa salsa,

la guaracha, el ritmo del cha cha chá

y el romántico inmortal  bolero

hacían su agosto en Margarita

como en toda  Venezuela.

 

XII

 

En aventuras, las alegres luces rojas

del  Hueco de María o Maricutana

con las complacientes  sirenas.

¡Oh  admirados y  espectaculares

crepúsculos, huída de la tarde

de Juan, el conocido Griego!

¿Cómo olvidar las citas vespertinas

en el pomposo Hotel  Bella Vista,

en  el   Chef Lino  o  David,

y  la naciente zona franca?

Esa fue, es y será la gran

Margarita, vivencias de un ayer,

la que nunca podrá morir

o borrarse de nuestra lumbre.

 

XIII

 

.A esa  preciosa Princesa

el concreto le llevó bien lejos

su sensible y humilde alma.

Hoy en las aguas guaiqueríes

no nacen muchos margariteños;

en los predios cálidos de  Fajardo,

Santiago Mariño, Luisa Cáceres,

del  insigne Maestro Luis Beltrán,

Francisco Narváez, Inocente Carreño,

Efraín Subero, Antonio Espinoza,

el Toñito, poeta cultor de la amistad,

Francisco Mata, su gran cantor,

y del historiador Luis Oscar Martínez

con mitad del corazón guaireño,

no crecen ya  casi margariteños;

los niños espartanos  no trinan

ni bailan su  Carite, la Burriquita,

María Pancha o el Guarandol.

Pensar en Margarita es evocar

la Sagrada Virgen del Valle,

no existiendo mayor pecado

el vacacionar en su tierra

y no  visitarla, venerarla

o cumplir con las promesas

por los milagros concedidos.

 

 

XIV

 

Ahora me pregunto en mi fuero

en estos instantes de nostalgia

buscando un no se qué…de qué:

¿Cómo olvidar esos  tiempos

si aún conservo en mi corazón

como agua clara  caída del cielo

la imagen de mi vieja Margarita

la cual adoro y me hace feliz

y queriéndola mucho, mucho

la acepto  como  es ahora

en su nueva onda moderna.

 

XV

 

Desaparecidos los  linderos

entre sus  folclóricos pueblos

aflora  inquietante metrópoli

ruidosa con hostigante fuerza

en que las vedettes del reinado

dejaron de ser la fiel Milagrosa

Virgen del Valle, las espléndidas

playas, su  sabrosa comida criolla

y la generosidad  de aquel sin igual

gentil ñero  de pura cepa oriental.

 

 

 

Conozca a Margarita: acceda al viaje



editado por dombruz